que ver en madagascar

Madagascar: Un Viaje por la Isla de los Contrastes

Situada a mil trescientos metros de altitud, la capital del país se alza como el trono del antiguo Reino Merina sobre una docena de colinas. Antananarivo, o simplemente Tana como la llaman los locales, es ese punto de entrada y salida inevitable cuando planificas conocer Madagascar. La ciudad te recibe con su caos vibrante desde el primer momento, un hervidero comercial donde calles desordenadas se atascan con tráfico, carros de cebúes y vendedores ambulantes que trabajan veinticuatro horas.

La primera impresión puede resultar abrumadora. Casas de ladrillo rojizo de finales del siglo XIX y primeros del XX se apiñan en barrios que trepan por las pendientes, mientras la desigualdad brutal marca cada rincón de esta urbe caótica. Sin embargo, en la parte alta, la Haute Ville, descubrirás el corazón histórico que merece dedicarle unas horas a descubrirla con calma.

El Palacio de la Reina, conocido como Rova, fue la residencia de los gobernantes del reino de Merina durante los siglos XVII y XVIII, convirtiéndose después en el centro del reino de Madagascar durante el siglo XIX. Aunque arrasado por las llamas en 1995, ha sido minuciosamente reconstruido y hoy ofrece una visita fascinante al pasado colonial del país. Los carteles explicativos son escasos, así que contratar un guía resulta fundamental para comprender la historia que guarda este lugar visible desde cualquier punto de la ciudad.

A pocos pasos encuentras el Museo Palacio de Andafiavaratra, antigua residencia del primer ministro Rainilaiarivony. Aunque está algo deteriorado, las vistas sobre la parte antigua de la ciudad compensan ampliamente. El museo presenta un patrimonio histórico realmente interesante que conecta con la nación malgache de manera profunda.

El laberinto de callejuelas empedradas cuesta abajo te lleva por balcones de madera y casas desvencijadas llenas de color. Los miradores sobre las colinas y llanuras mantienen vivo ese espíritu tradicional que sobrevive al modernismo caótico de la parte baja.

En el entorno comercial, los mercados son el alma de Tana. El Mercado de Analakely y La Digue son los más animados, lugares donde se vende absolutamente de todo y donde puedes sumergirte en la cultura malgache auténtica. Una visita fundamental si quieres entender el día a día del pueblo. Los condimentos, artesanía local y productos típicos se consiguen a buenos precios, aunque siempre hay que negociar.

Mi recomendación personal: visita la Haute Ville a primera hora de la tarde para aprovechar la luz antes de la puesta de sol. Ten en cuenta que cierra los martes. El mercado de La Digue está a unos kilómetros, pero es mejor para encontrar artesanía genuina. El tráfico es feroz a todas horas, así que planificar bien tus movimientos te ahorrará tiempo precioso, especialmente cuando necesites regresar al aeropuerto.

Las Playas Paradisíacas: Nosy Be y Más Allá

Cuando necesitas descanso después de tanto recorrer, los destinos de naturaleza esperan en la costa. Nosy Be, el archipiélago de la costa noroeste, presume de tener las playas más bonitas de África. La Isla Grande, como se traduce del malgache, es la mayor del conjunto y donde puedes alojarte en impresionantes resorts que sirven de base para explorar el paraíso.

La llaman Nosy Manitra, la Isla Perfumada, por sus extensas plantaciones de ylang ylang, café, cacao, vainilla y caña de azúcar que perfuman el ambiente. Un tour en barco te permite descubrir islas vecinas como Nosy Komba, Nosy Tanikely y Nosy Sakatia, cada una con su propio encanto.

Las aguas que rodean estas islas son de las más ricas del Índico. Aquí se encuentra el segundo arrecife de coral más importante del planeta, con más de 400 especies de coral duro y blando. Para los amantes del submarinismo, las inmersiones permiten avistar tiburones ballena, rayas mobula y ballenas jorobadas en temporada.

Baobabs y lémures son los reclamos principales de la isla, pero sus playas conforman el verdadero tesoro. La más famosa es su vecina Nosy Iranja, situada al norte. La isla cuenta con vuelos directos a su aeropuerto internacional, con buena frecuencia de vuelos desde Tana, convirtiéndola en uno de los destinos más populares entre extranjeros. La buena infraestructura y opciones de traslados la hacen accesible.

Otros destinos de playa conocidos incluyen la Isla St. Marie al este del país, y Anakao en el sur oeste, cerca de Toliara. Cada uno ofrece experiencias únicas pero igualmente memorables.

Isalo: El Far West Malgache

Entre los parques nacionales de Madagascar, este paraíso natural deja recuerdos increíbles y es perfecto para ver lémures en libertad. El Parque Nacional Isalo es el más conocido, ubicado a 700 kilómetros al sur de Tana. Las rutas de senderismo son obligatoriamente guiadas, desde medio día hasta 3 jornadas con acampada incluida.

Aquí habitan varias especies de lémures: el marrón y el de cola anillada son los más comunes. Pero los paisajes son los verdaderos protagonistas: formaciones rocosas, montañas, cascadas, cañones, palmerales y lagos se suceden en un parque inmenso lleno de maravillas geológicas.

Los cañones, formaciones de piedra, valles y cascadas forman piscinas naturales rodeadas de bosques. La gran variedad de fauna incluye lémures, camaleones, aves e insectos extraños. El baobab Pata de elefante, endémico de la isla, añade interés cultural junto a las tradiciones funerarias de la gente local.

El paisaje evoca el bosque seco del Far West americano en su versión malgache. Es un universo árido de increíbles formaciones de roca arenisca talladas durante millones de años por el viento y agua. Los cañones, mesetas y paredes de roca muestran colores ocres, anaranjados y dorados que cambian según la luz.

El PN Isalo es el más conocido y más visitado del país. Las opciones para visitarlo incluyen trekking de medio día, día completo o varios días con acampada. Todo depende de tu nivel personal, gustos y tiempo disponible. Como en todos los parques y reservas, contratar un guía oficial del Parque realmente hace una enorme diferencia en la experiencia.

Tsingy de Bemaraha: El Laberinto Pétreo

Esa foto de formaciones rocosas que siempre ves es del Parque nacional Tsingy de Bemaraha, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Este parque presenta un paisaje único de miles de agujas calcáreas creadas por la erosión del agua durante más de 200 millones de años.

El laberinto de piedra se recorre por rutas con puentes colgantes que no son aptas para quien sufre vértigo. Durante el recorrido puedes avistar al sifaca de Decken, un tipo de lémur de pelaje blanquecino en peligro de extinción.

Solo en época seca las carreteras de pista permiten acceder. Entre noviembre o abril mejor descartarlo, pues las lluvias hacen intransitables los caminos. Los famosos tsingys son formaciones de piedra generadas por la erosión de la lluvia, creando auténticos bosques de piedra.

El más conocido y visitado es Tsingy de Bemaraha, en el oeste del país. Hay que ir hasta Morondava y desde allí tomar rumbo al Tsingy hacia el norte. El camino es largo y difícil, pero ideal para combinar con una visita a la Avenida de los Baobabs.

En temporada seca el acceso requiere vehículos 4×4, mientras que en época de lluvias resultan completamente inaccesibles. Planifica bien tu viaje considerando estos factores climáticos cruciales.

Andasibe-Mantadia: El Reino del Indri

A 3-4 horas de Tana, el Parque nacional de Andasibe-Mantadia figura entre los imprescindibles de Madagascar. Este bosque primario de clima húmedo donde llueve 210 días al año es hogar de 11 especies de lémures y otros animales fascinantes.

El área se divide en 2 partes: el Parque Nacional Mantadia y la Reserva Analamazoatra. Las caminatas varían de 1 a 6 horas para descubrir toda la flora y fauna. En Mantadia puedes avistar al fosa, el carnívoro más grande de Madagascar.

La Reserva de Analamazoatra es donde puedes escuchar el cantar a los Indri, los lémures más grandes y conocidísimos como el Rey Julien de las películas de Madagascar. Una visita a ambos lugares te permite ver un montón de animales si sigues los recorridos guiados, pues los guías saben dónde se mueven las familias de lémures. Sin guía es complicado, así que no vayas si piensas ir por tu cuenta y quieres estar feliz con los avistamientos.

Isla Santa María: Ballenas y Piratas

Con 5.000 kilómetros de costa y varias islas, Madagascar ofrece playas perfectas para el descanso. Entre las islas más populares, además de Nosy Be, destaca la Isla Santa María, también llamada Sainte-Marie o Nosy Boraha en malgache.

Situada al este de la isla de Madagascar, mide 45 kilómetros de largo y alberga durante 5 años… perdón, durante todo el año, incontables playas de arena blanca. Las más bonitas están en su vecina L’Île aux Nattes.

La isla cuenta con aeropuerto en el sur, con vuelos desde Tana. El núcleo principal fue refugio de corsarios durante los siglos XVII y XVIII, y aún pueden verse restos de barcos en las aguas de Baie des Forbans. El cementerio de piratas al sur de la capital Ambodifotatra añade misterio histórico.

Este paraíso playero también atrae buceadores. Durante los meses de verano y comienzos del otoño, puedes avistar las majestuosas ballenas jorobadas que llegan a estas aguas cálidas para reproducirse.

Ranomafana: Niebla y Biodiversidad

Entre los parques nacionales que hay que visitar en Madagascar, el Parque Nacional de Ranomafana sobresale por ubicarse en una de las partes más húmedas de la isla. Es hábitat de especies raras de flora y fauna que no encontrarás en otros lugares.

Los lémures de frente roja, el sifaca de Milne-Edwards, el lémur grande del bambú y el lémur dorado habitan estos bosques junto a 90 especies de mariposas, 112 de ranas, 22 de reptiles, 22 de serpientes y 118 de aves, 30 de ellas endémicas de este parque específicamente.

Ofrece 7 rutas de entre 10 hasta 20 kilómetros de longitud. El tiempo requerido varía de 3-4 horas hasta varios días con pernocta en tienda de campaña. Al despertar en la aldea de Ranomafana, los alojamientos rodeados de bosque tropical húmedo te reciben con el sonido ensordecedor de las aves y densas capas de niebla deslizándose por las montañas.

El nombre en lengua local significa agua caliente, en referencia a los manantiales y fuentes termales que brotan en el área. En 1986 se identificó por primera vez aquí el lémur dorado de bambú, que se convirtió en el emblema del parque y en icono de la riqueza biológica de Madagascar.

Además de lémures, la cúa azul, camaleones y reptiles como el gecko de cola de hoja, emperador del camuflaje, habitan el bosque. Por la noche, si rastreamos con locales en busca de especies nocturnas, puedes encontrar al pequeño lémur ratón rojo, adorable y solitario. Los lémures ratón son los primates más pequeños del planeta y pesan entre treinta y ochenta gramos.

La reserva requiere visita con guía y buscador de animales. La reserva alberga distintos tipos de lémures y con suerte verás muchos en una visita de 2 o de 4 horas.

La Avenida de los Baobabs: Gigantes Centenarios

Si los lémures son el emblema de la isla, la Avenida de los Baobabs es su postal más icónica. A 20 kilómetros de la ciudad de Morondava, este lugar te deja con la boca abierta. Dos docenas de una especie de baobabs única en Madagascar, Adansonia grandidieri, se elevan a más de 30 metros de altura.

Caminar por la avenida entre estos enormes gigantes de más de 800 años de antigüedad produce una sensación indescriptible. La leyenda cuenta que los dioses, cansados de que fueran los más presumidos del bosque e intentaban alcanzar el cielo para sobresalir sobre otros árboles, les dieron la vuelta como cura de humildad.

El mejor momento para visitarla es al atardecer, cuando los colores tornan el sitio aún más especial. Morondava, ciudad portuaria de cincuenta mil habitantes en la costa oeste de Madagascar, tiene su propio aeropuerto. El océano tranquilo y las bases turísticas necesarias la convierten en punto ideal para explorar la región.

Su proximidad, a solo veinte kilómetros de la famosa Avenida de los Baobabs, hace de este lugar perfecto para hacer base mientras investigas otros rincones de la isla de los lémures.

La Avenida de los Baobabs es todo lo que imaginamos y más. No es un parque ni una reserva, ni un lugar armado para el turista. Es simplemente una avenida, una calle que la gente local usa para transitar. Llegar puede ser una odisea de muchas horas, pero mi recomendación es estar un atardecer y un amanecer como mínimo, pues en esos momentos del día el lugar se vuelve aún más mágico e increíble.

Los baobabs son tan enormes e imponentes que con la luz de esos momentos del día parece que estás en otro planeta. Ver cómo la gente local usa esa avenida resulta interesante para observar cómo transcurre la vida en esta parte del mundo. La ciudad donde hacer base es Morondava, apenas a 17 km de la avenida.

Anja: Edén de Cola Anillada

Entre los lugares para visitar en Madagascar por su fauna, una de las mejores reservas del país es Anja, un verdadero edén de los lémures de cola anillada o lémur catta. Aquí viven más de 400 ejemplares. Con la deforestación que ha hecho desaparecer el 95% de su hábitat, esta especie está en peligro de extinción.

La creación de esta reserva comunal por los propios habitantes frenó la tala de árboles y la desaparición de los acuíferos, protegiendo a los animales que habitan en sus bosques. El parque, en el sur, presenta un paisaje radicalmente distinto, con imponentes rocas dominándolo todo.

Por la mañana verás lémures tomando el sol en las rocas. Las rutas de senderismo guiadas duran de 1 a 6 horas en esta pequeña reserva cercana a la ciudad de Fianarantsoa.

Es el paraíso con el que sueñan todos los que quieren conocer a los simpáticos lémures de cola anillada, pues está lleno de ellos. Esta reserva creada por locales busca preservar esta especie de lémures amenazada por la desforestación de la región.

La visita con guía local viene acompañado de un buscador de animales que te mostrará no solo lémures, sino camaleones, bichos palo raros y otras especies de insectos interesantes. Una experiencia altamente recomendada.

El Tren de la Selva: Aventura Colonial

Como bonus track en esta lista de cosas que hacer en Madagascar para salirse de las rutas habituales, si tienes tiempo, el Tren de la Selva es una experiencia memorable. Parte de Fianarantsoa en las Tierras Altas y llega a Manakara en el Océano Índico, atravesando la selva más virgen del país.

El trayecto por el Corredor del Este pasa por escabrosos puentes. Es una de las pocas líneas de tren de Madagascar, de origen colonial y en funcionamiento desde los años 30 para transporte de personas y mercancías.

Si no llevas prisa, prepárate: es habitual que tarde más de 12 horas en cubrir una ruta de apenas 165 kilómetros. Pero la experiencia de disfrutar observando el paisaje y el día a día de la gente compensa la lentitud.

Las ciudades que visitarás en tu recorrido presentan un atractivo propio. Aunque no son las principales razones para viajar a Madagascar, resulta interesante darse una vuelta por las ciudades que sirven de base para conocer los lugares principales.

Tana (Antananarivo) es la caótica capital del país. Antsirabé es la segunda gran urbe. Otras ciudades importantes incluyen Morondava, Ranohira, Ambositra y Fianarantsoa, todas con carácter propio que irás visitando durante tu recorrido.

Las ciudades tienen fama de inseguras, especialmente Tana, aunque personalmente nos sentimos seguros. La recomendación general es que eviten circular de noche por los circuitos turísticos urbanos.

Ambohimanga: Colina Sagrada

La Colina Real de Ambohimanga, a poco más de una hora de Antananarivo, es uno de los lugares más sagrados de Madagascar y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Esta colina fue el centro espiritual y político del reino merina.

Las antiguas residencias de los soberanos están rodeadas de murallas de piedra y portones monumentales. Ambohimanga no es solo un vestigio histórico, sino un lugar vivo de peregrinación donde malgaches de todo el país vienen a dejar ofrendas, rezar y participar en ceremonias tradicionales.

La visita con guía local te explica sobre la famadihana, el retorno de los muertos o vuelta de los huesos, uno de los rituales más singulares del país. Esta ceremonia funeraria practicada por comunidades de las tierras altas consiste en que las familias exhuman los restos de sus antepasados para envolverlos en nuevas mortajas de seda y celebrar con música, bailes y festines.

Ambatolampy: Alquimia del Aluminio

Desde Antananarivo, cuando comiences tu viaje por la mítica Route National 7 (RN7), el primer día incluye el tramo entre Antananarivo y Antsirabé. A mitad de camino conviene detenerse a visitar la pequeña ciudad de Ambatolampy, situada a unos 70 km, aproximadamente dos horas de viaje.

Este municipio une a todo un país mediante sus famosas marmitas y objetos elaborados con aluminio. En múltiples talleres familiares se transforma la chatarra reciclada en utensilios de cocina: marmitas, sartenes, cucharas, todos esenciales en los hogares del país.

Puedes observar in situ los trabajos de fundición y adquirir lémures (figuritas), objetos y figuras de aluminio como souvenir bonito y económico.

Mi recomendación para comer: en las afueras de Ambatolampy encuentra el restaurante La Pineta, emplazado en una vieja casona colonial francesa. Es uno de los pocos sitios donde la gastronomía malgache es uno de los puntos fuertes de este viaje.

Antsirabé: El Vichy de África

En el último tercio del siglo XIX, este lugar ubicado a 160 km al sur de Antananarivo era una pequeña aldea que vivía de la venta de sal. Un grupo de misioneros noruegos en 1872 descubrió los beneficios de las aguas termales que manaban en este territorio de montaña.

Se le llamó el Vichy malgache. Comenzó la construcción de segundas residencias para blancos y el nacimiento de balnearios. El Hotel des Thermes, edificio bellísimo de madera con más de un siglo de antigüedad, representa la arquitectura colonial que es uno de los grandes atractivos de cualquier visita a Antsirabé.

El clima es fresco y apacible. La ciudad, ordenada y amable comparada con la capital, tiene su furor local: el pousse-pousse, pequeño ciclo rickshaw o carruaje enganchado a una bicicleta que verás por todas partes.

Ambositra: Tallados Zafimaniry

Continuando por la RN7 entras en el territorio de la etnia Betsileo. Después de la ciudad del aluminio, merece detenerse en este municipio como entretenido paréntesis cultural.

Es la capital de la artesanía malgache donde se asientan los Zafimaniry. Sus talleres desarrollan el arte Zafimaniry, una técnica de tallado de madera reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La puesta en valor de este pueblo destaca por su rica marquetería, donde encajan piezas de distintos colores para elaborar estatuillas y objetos de todo tipo. Un lugar perfecto para adquirir recuerdos auténticos.

Valle de Tsaranoro: Poesía Granítica

Al abandonar Ambalavao, hay que proseguir por una pista accesible únicamente para vehículos todoterreno. Entre los macizos graníticos del Parc national de Andringitra, el valle de Tsaranoro al oeste constituye una de las mejores etapas del viaje a Madagascar.

Llegar a Tsaranoro es pura poesía. Este rincón parece evocar épocas pasadas donde la vida se mide con otros tiempos. Surgen poblados con casas de adobe y tejados a dos aguas cubiertos de paja.

Los alojamientos destacables del valle de Tsaranoro incluyen Camp Catta y Tsarasoa Lodge. Personalmente puedo recomendar Camp Catta: cada mañana muy temprano y por la tarde, un grupo numeroso de lémures de cola anillada emerge del bosque aledaño.

El valle es un paraíso para senderistas y escaladores. La ruta clásica con panorámicas formidables es la subida a la roca del camaleón, que te regala vistas espectaculares.

Fianarantsoa: Elegancia Colonial

Al abandonar Ranomafana, se tarda en alcanzar Fianarantsoa unos 63 km, aproximadamente dos horas. Como capital de las Tierras Altas del sur, es la ciudad colonial más agradable e inspiradora del país malgache.

Fianarantsoa atesora un rico patrimonio cultural enclavado en el casco antiguo de la Haute-Ville, que se eleva sobre una colina. Representa lo mejor de la arquitectura colonial francesa de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Vale la pena asomarse a los miradores de las colinas aledañas y explorar a pie el centro histórico, incluyendo la Catedral católica de Ambozontany, que domina el paisaje urbano.

Ambalavao: El Papel Sagrado

A aproximadamente 55 km desde Fianarantsoa encuentras Ambalavao. Conviene estirar las piernas aquí para admirar el gran legado cultural malgache en la fabricación artesanal del papel de Antemoro.

Hace siglos, comerciantes árabes que llegaron a las costas orientales de Madagascar trajeron ejemplares del Corán. Los locales hallaron la forma de elaborar un papel resistente usando la corteza del Avoha.

En los talleres artesanales puedes admirar todo el proceso creativo. El papel de Antemoro se ha convertido en uno de los souvenirs más típicos de la gran isla roja.

Zombitse-Vohibasia: Biodiversidad Única

Desde tu punto de partida hacia el Parque Nacional de Isalo, si quieres llegar antes del atardecer a Ifaty, en el camino encontrarás una visita más que recomendable: el Parque Nacional Zombitse-Vohibasia.

Está a unos 90 km, aproximadamente hora y media de viaje. En mitad de la espesura, la carretera está recién arreglada, lo que hace que Zombitse sea llano de transitar, una tarea fácil comparada con otras rutas.

Los árboles altos y frondosos son creadores de un microclima especial. Entre las especies más carismáticas que únicamente existen en este parque destaca el Lémur saltador de Hubbard, de gran belleza pero en situación vulnerable de conservación.

El camaleón gigante de Madagascar o Camaleón de Oustalet, junto con lagartos de llamativos colores y el búho endémico, completan la fauna. Un dato realmente asombroso: Zombitse es hogar del 47% de las aves endémicas de Madagascar.

Ifaty: Postal del Índico

Al abandonar Zombitse, el estado de la carretera es desastroso hasta Tulear (Toliara), el final de la RN7. Desde ahí, Ifaty está a 25 kilómetros más.

Ifaty es un pedacito del paraíso en la costa suroccidental de Madagascar. De espaldas al bosque espinoso, esta pequeña localidad habitada por los bara está asomada a un fragmento marítimo que alberga una de las barreras de coral más extensas y mejor conservadas del Índico.

Las playas son de postal: largas, de arena fina y tremendamente solitarias. Durante mi estancia nos quedamos en Le Paradisier, un lugar aislado de la zona de población. Subimos a una piroga clásica bara para la práctica del snorkel en el arrecife de coral, visitamos el pueblo de pescadores y terminamos degustando una deliciosa langosta frente al mar.

Reserva de Reniala: Bosque Espinoso

A centenares de metros de Ifaty, alejado de la costa, está la reserva protegida Reniala, que protege el ecosistema típico de la zona: el bosque espinoso. El nombre significa «madre del bosque» en malgache.

Estas cuarenta hectáreas de bosque se pueden recorrer con guía como si fuera un jardín botánico donde ves lo mejor de la flora del oeste malgache. A nivel de aves es potente, y también hay varios lémures de cola anillada rescatados de la trata de mascotas y devueltos al entorno silvestre tras un largo proceso de recuperación.

El paseo con guía por Reniala, donde te explican sobre los baobabs y otros árboles, es una buena manera de emplear un par de horas. El precio de la entrada con un guía para un paseo de hora y media es de 40.000 ariarys, unos 8 euros.

La Ventana del Isalo: Atardecer Mágico

Aunque ya recomendamos visitar el PN Isalo, hay un lugar que merece mención especial: la ventana del isalo. Esta curiosa formación dentro del parque es uno de los lugares más visitados de la zona.

El atardecer en este lugar es especial porque el sol se refleja por la ventana de manera única, creando un espectáculo hermoso que atrae a fotógrafos de todo el mundo.

Se llega fácil desde Ranohira en vehículo privado. Recomendamos ir con tiempo antes del horario del atardecer porque todo el mundo va. La visita no tiene costo porque el lugar está fuera del límite oficial del parque.

La Gente: El Verdadero Tesoro

Al hablar de Madagascar, hay que hablar de su gente. La gente es lo que hace que este país sea tan increíble. Es un país donde viajar es difícil, pero más difícil es la realidad en que viven ahí. Las carencias, la pobreza y la falta de elementos de primera necesidad son moneda corriente en la isla.

Sin embargo, la gente es humilde y sencilla, y te recibe con una sonrisa sincera. Nunca sentí que intentaban engañarte o robarte, algo que me llamó la atención viniendo de otros destinos.

Viajar por tierra te da una perspectiva única de cómo vive la gente en las ciudades, pueblos y pequeñas comunidades. Puedes ver cómo vive cada tribu según la región del país, adaptándose al clima y manteniendo sus costumbres ancestrales.

Mercados Locales: Pulso de la Vida

Es prácticamente imposible, cuando estés circulando por tierra entre ciudades y pueblos, que no te cruces con mercados locales. Estos mercados venden alimentos y productos primarios: carne, verduras, granos, frutas.

Resulta verdaderamente interesante parar un momento y recorrer estos mercados para ver qué consume la gente y entender sus costumbres. No es un lugar turístico, ni cómodo, ni higiénico según estándares occidentales, pero es parte del folklore que a mí me encanta.

Conocer mercados locales te permite realmente ver cómo vive la gente de cada país y comprender sus costumbres cotidianas más allá de lo que muestran las guías turísticas.

Planificación Temporal

Al planificar este viaje, debes considerar que para abarcar muchos destinos necesitas invertir muchas horas en la carretera. Los traslados por Madagascar son largos y pueden llevarte fácilmente varios días entre puntos.

Haría falta al menos un mes para conocer todos los principales atractivos. Siendo conscientes de que pocos disponen de tanto tiempo, el mínimo para llevarte una buena impresión de este viaje son 2 semanas, aunque pueden ser 3 si quieres profundizar.

Mejor Época de Visita

A grandes rasgos, considera que la época de lluvias va de noviembre a abril. Si decides ir en ese momento del año, no será posible visitar el Parque Nacional Tsingy de Bemaraha, entre otros lugares.

En general, la mejor época es de mayo a octubre. Julio y agosto son los meses de más turismo y de temperaturas más bajas. Es también el momento ideal para avistar ballenas.

La mejor época para viajar a Madagascar, balanceando todos los factores, sería entre abril y junio o entre septiembre y noviembre, cuando las temperaturas son más moderadas y hay menos turistas.























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