Los Tesoros Imperdibles de Marruecos

Cuando pienso en mi primer encuentro con Marruecos, recuerdo inmediatamente esa sensación de estar pisando un territorio donde cada rincón cuenta una historia milenaria. Este país norteafricano, con su ubicación privilegiada entre el Atlántico y el Mediterráneo, cercana al Sahara y no tan alejada de Europa, se ha convertido en uno de los destinos más fascinantes del mundo.
Marrakech: El Corazón Pulsante del Sur
La Ciudad Roja, como se conoce a esta metrópoli meridional, fue fundada en 1062 por los almorávides y ha sido capital en distintos períodos: desde 1071 hasta 1244, luego entre 1511 y 1554. Las dinastías almorávide, almohade y saadí dejaron su huella indeleble en cada piedra de sus murallas.
Visitar Marrakech es prácticamente una obligación para quien explora el país. La Medina, declarada Patrimonio de la Humanidad, representa el corazón de esta ciudad indispensable. Sus laberínticas y bulliciosas calles concentran comerciantes, artesanos, mezquitas y palacios que deslumbran al viajero. Aunque en ocasiones puede resultar agotadora, la mejor manera de conocer este increíble lugar es perderse por sus callejuelas.

Alojarse en un riad dentro de la medina mientras tomas té al atardecer y observas la vida cotidiana representa una experiencia auténtica. La Plaza Jamaa el Fna es el símbolo absoluto de la ciudad, una visita imprescindible donde los cambios de atmósfera te mantienen constantemente sorprendido.
Entre los atractivos que destacan están el Palacio de la Bahía, la Mezquita Koutoubia y los Jardines de la Menara. Visitando estos lugares entenderás por qué mucha gente considera que esta es la ciudad más bonita del país. Para la mayoría de viajeros que vienen por primera vez, representa la primera toma de contacto con la cultura marroquí.
Es cierto que a priori puede parecer compleja, especialmente si has leído sobre vendedores que pueden llegar a agobiar al turista. Mi consejo: solo necesitas alejarte un poco de las zonas más turísticas para descubrir la verdadera esencia de este lugar increíble.
Una buena opción para el primer contacto es reservar un free tour gratis o un tour privado donde eliges el itinerario. En ambos casos, contar con un guía en español marca la diferencia.
Fez: La Capital Cultural que Resiste al Tiempo
En el corazón de Marruecos, sobre la ruta que une Rabat con Argel, se encuentra Fez, denominada la capital cultural del país. Ha sido capital en varias ocasiones: durante los siglos IX y X, entre 1244 y 1554, y nuevamente en el siglo XVII hasta que en 1727 Rabat tomó el testigo definitivamente en 1912.
Para visitar Fez necesitarás entre dos y tres días. La ciudad cuenta con un importante legado declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sin duda, su principal referente es la medina Fez-el-Bali, un gran barrio medieval del siglo IX con un entramado de 9.000 calles donde perderse es lo más habitual. Está considerada el área peatonal más grande del mundo.

Los atractivos son innumerables: la mezquita Al Karaouine, la madrasa Attarine, el Palacio Real y los diferentes zocos, puertas de la ciudad y fuentes. Desde aquí puedes adentrarte hacia el desierto de Merzouga para pasar una noche en una jaima.
Esta medina del siglo VIII, declarada Patrimonio de la Humanidad y considerada la más grande del mundo, la convierte en una de las ciudades imprescindibles para visitar. A diferencia de la popular y caótica Marrakech, Fez permite disfrutar de sus laberínticas calles, visitar las escuelas coránicas y comprar en los zocos con mayor tranquilidad.
Algo que debo confesar y que se agradece mucho: la ciudad cuenta con muchos atractivos entre los que destacan la curtiduría Chouwara, un punto principal que es todo un espectáculo para los sentidos, aunque no siempre agradable. También la Medersa Bou Inania, el Mausoleo de Mulay Idrís II, la Mezquita Al Karaouine, el barrio Andaluz y otros muchos rincones donde perderte.
La gastronomía es una de las más deliciosas del mundo, y podrás disfrutarla en cualquiera de los mejores restaurantes de la ciudad. Para comer con buena opción y conocer la historia y detalles, vale la pena reservar una visita guiada en español por la Medina, que incluye un tour panorámico.
Meknès: La Joya Tranquila del Imperio
A 60 kilómetros al oeste de Fez, camino hacia Rabat, encontramos Meknès o Mequinez. Fue capital entre 1672 y 1727, período que dejó un legado arquitectónico y urbanístico que valió su declaración como Patrimonio de la Humanidad.
El responsable del auge de la ciudad fue el sultán Mulay Ismaíl, quien estableció la capitalidad y ordenó diseñar la ciudad a su antojo: 40 kilómetros de muralla, palacetes, puertas monumentales y su propio mausoleo donde reposa su tumba.
A diferencia del resto de ciudades imperiales, Meknès resulta más tranquila, con una medina mucho más digerible para el visitante que Marrakech o Fez. Sin embargo, hay algo que impacta inmediatamente: la Puerta Bab el-Mansour, construida en 1732 y considerada una de las más bonitas del mundo.

Te sorprenderá descubrir que entre las cuatro ciudades imperiales de Marruecos, esta sin duda representa la parada perfecta para viajeros amantes de la historia que buscan adentrarse en una ciudad menos conocida pero no menos interesante.
Fundada en el siglo XI por los almorávides, Meknès vivió su máximo esplendor bajo el sultán Moulay Ismaíl en el siglo XVII cuando la convirtió en capital y la llenó de palacios, murallas y puertas monumentales. Hasta el día de hoy, algunos de estos atractivos permanecen como lugares donde no puedes perderte.
Los lugares más interesantes de la ciudad incluyen la medina, mucho más relajada que otras ciudades marroquíes, donde podrás perderte entre callejuelas, zocos y antiguas madrasas. Bab Mansour es una de las puertas más impresionantes del país, decorada con mosaicos y relieves. El Mausoleo de Moulay Ismaíl es uno de los pocos accesibles para no musulmanes, y el Heri es-Souani alberga los antiguos graneros y establos reales.
Es importante tener en cuenta que Meknes está solo a 45 minutos de Fez en tren o coche, lo que la convierte en una excelente excursión de un día. Cerca se encuentra Volubilis, las ruinas romanas mejor conservadas de Marruecos, cuya visita puede añadirse a la anterior para hacer una excursión de día completo desde Fez.
Rabat: Donde el Océano Encuentra la Historia
Rabat es la capital de Marruecos desde 1912, cuando comenzó el Protectorado francés sobre Marruecos, siendo desde entonces la capital del país. Teniendo atractivo del océano Atlántico, resulta menos turística que las demás ciudades imperiales pero combina antigüedad y modernidad de forma magistral.
Su principal monumento es la Torre Hassan, un minarete del siglo XII que estaba destinado a ser la torre más alta de su época. A su lado está el mausoleo de Mohammed V, un panteón real de mármol blanco donde reposan los restos de Hassan II, padre del actual rey. La Kasbah de los Udayas, la medina y las famosas murallas son dos lugares de especial interés en la capital marroquí.

Muchas veces pasa desapercibida frente a ciudades como Marrakech o Fez, pero Rabat, como capital de Marruecos, es una ciudad muy interesante que sorprende por su mezcla de modernidad e historia.
Fundada en el siglo XII por los almohades como base militar, su nombre original era Ribat al-Fath, que significaba fortaleza de la victoria. Hasta el día de hoy, la ciudad es sede del gobierno y residencia real. Incluso leímos que es considerada una de las ciudades más limpias del país.
Los lugares donde puedes perderte en esta increíble ciudad incluyen la Torre Hassan y el Mausoleo de Mohamed V, la Kasbah de los Udayas (una fortaleza con vistas al Atlántico), y la medina con casas blancas y azules que en momentos puede llegar a recordar a Chaouen, aunque es muy tranquila y relajada.
Algo que también atrae a viajeros que buscan vivir el Marruecos más tradicional es que está bien conectada por tren con otras ciudades como Casablanca, Fez y Tánger. Además, al contar con aeropuerto, resulta relativamente fácil incluirla en cualquier ruta por el país.
La Mezquita Hassan II: El Gigante de Casablanca
Seguramente la mezquita más majestuosa de Marruecos, la Mezquita de Hassan II en Casablanca impacta por su tamaño, siendo la segunda más grande del mundo tras La Meca. Su minarete de 200 metros cuenta con un rayo láser que apunta hacia la ciudad santa.
En el interior del templo, la sala tiene capacidad para 20.000 fieles y un techo retráctil que permite ver el cielo. Construida en 1993, es la única en Marruecos que permite la entrada a no musulmanes, una oportunidad magnífica para adentrarse en un lugar insigne del islam.
Lo que llama especialmente la atención es su ubicación, pegada al mar. Muchos viajeros usan Casablanca solo como puerta de entrada o salida del país, pero la ciudad merece al menos una parada para descubrirla. Combina de forma única tradición y modernidad.

Conocida también como ciudad portuaria, es la más grande de Marruecos y uno de sus motores económicos. Su historia se remonta a tiempos beréberes con la antigua ciudad de Anfa, pero su historia moderna comienza en el siglo XX cuando los franceses la convirtieron en un centro industrial clave del país.
El gran símbolo de Casablanca es la Mezquita Hassan II, una de las más grandes del mundo y la única en Marruecos que permite la entrada a no musulmanes. Situada junto al mar, su minarete de 210 metros es visible desde casi cualquier punto de la ciudad.
Si decides incluir Casablanca en tu ruta, tendrás la oportunidad única de conocer una ciudad menos turística donde podrás vivir el día a día local. Mientras paseas por el boulevard de la Corniche, exploras el barrio Art Decó o visitas el Marché Central, te recomendamos reservar una visita guiada para conocer mejor su historia.
Tánger: El Cruce de Civilizaciones
Tánger es la ciudad más septentrional de Marruecos y, por ende, la más cercana a Europa. En pleno estrecho de Gibraltar, Tánger ha sido una ciudad codiciada a lo largo de su historia, habiendo estado en manos de diferentes imperios y países europeos.
Su cercanía con España, su puerto y aeropuerto internacionales, junto con su larga costa, hacen de Tánger una ciudad turística con toques multiculturales gracias a su pasado europeo. Entre los hitos imprescindibles destacan la Gran Mezquita, la medina, la plaza 9 de abril, el cabo Espartel y las Grutas de Hércules.
Incluimos la visita a Tánger en nuestra última visita al país al hacer una ruta por el norte de Marruecos. Esta ciudad siempre nos había llamado la atención, aunque nunca habíamos conseguido incluirla en nuestros viajes por el país.

Tuvimos la suerte de haber decidido empezar nuestra ruta en esta ciudad, un auténtico cruce de culturas. Durante siglos, su pasado estuvo ligado a fenicios, romanos, árabes y europeos. Como ciudad portuaria, durante años fue un enclave internacional lleno de misterio que inspiró a artistas como Paul Bowles y William Burroughs.
Algo de ese ambiente ha mantenido hasta cierta manera en nuestros tiempos. También podemos decir sin temor a equivocarnos que Tánger ha renacido como ciudad moderna sin perder ese aire decadente y encantador.
En un día podrás visitar la medina, mucho más tranquila que otras del país, acercarte al Zoco Grande, la Kasbah con su museo y vistas espectaculares. Además, por supuesto, pasear por el famoso boulevard Pasteur.
Si eres amante de la gastronomía como nosotros, te recomendamos revisar nuestra selección de restaurantes donde comer en esta fascinante ciudad del norte.
Ksar de Ait Ben Haddou: El Escenario de Mil Historias
Uno de los lugares más mágicos de Marruecos es el ksar de Ait Ben Haddou. Un ksar es una ciudad fortificada habitual en la zona sur del país. En el interior de Ait Ben Haddou se esconden laberínticas calles y edificios construidos con materiales tradicionales: adobe, madera y paja.
Además, es todo un icono del cine. Allí se rodaron escenas de innumerables películas y series como Lawrence de Arabia, Gladiator y Juego de tronos. Pasar por el ksar de Ait Ben Haddou es además una genial idea al hacer algunas de las rutas más conocidas como la Ruta de las Mil Kasbahs, construcción tradicional marroquí de adobe común en la zona.
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Ait Ben Haddou está formado por un conjunto de casas de adobe, torres y murallas que se adaptan perfectamente al entorno y forman uno de los lugares de Marruecos más impresionantes y además más fotografiados, especialmente después de ser escenario de películas como Gladiator y Lawrence de Arabia, y series como Juego de Tronos.

Situado a unos 30 kilómetros de Ouarzazate, se encuentra en la ruta de las Kasbahs, junto al antiguo camino de caravanas que unía el Sáhara con Marrakech. Este lugar fue durante siglos un importante punto comercial.
Hasta el día de hoy se ha convertido en uno de los puntos turísticos del sur del país. Pese a esto, todavía algunas familias viven dentro, aunque gran parte del ksar es visitable, lo que asegura una experiencia única e inolvidable.
Además de pasear por las callejuelas empinadas salpicadas de tiendas, te recomendamos invertir tiempo en llegar al punto más alto. Desde allí, las vistas del valle y el horizonte son espectaculares.
Es importante tener en cuenta que la visita puede hacerse en unas 2-3 horas, perfecta para una excursión desde Ouarzazate. También puedes quedarte a dormir en alguna kasbah como hicimos nosotros en el Bagdag Café. Así podrás disfrutar del lugar al atardecer y al amanecer, cuando no hay ningún turista y la experiencia se vuelve mágica.
Los Desiertos de Zagora y Merzouga: Donde el Sahara Comienza
Hacer una excursión al desierto, incluso dormir en el desierto, son dos planes que cualquiera que explora Marruecos debe incluir en su lista de deseos. Para tener la experiencia de acercarse al lejano Sahara desde Marrakech, hay dos posibilidades más sencillas para vivir la sensación de las arenas: los desiertos de Zagora y Merzouga.
El desierto de Zagora está a unos 360 kilómetros de Marrakech y tiene un carácter más bien rocoso. El desierto de Merzouga se encuentra a 560 kilómetros de Marrakech y cuenta con grandes dunas, algunas de más de 150 metros de altura.

Al estar más alejado, ir a Merzouga requiere una excursión de tres días entre trayectos y la noche allí. En ambos podrás hacer recorridos en camello o quad.
Ubicado en el sureste de Marruecos, a las puertas del erg Chebbi, este pequeño pueblo es la base perfecta para explorar los paisajes más mágicos del país. Sin duda, es uno de los lugares imprescindibles de Marruecos. Aquí las dunas pueden alcanzar hasta 150 metros de altura y cambian de color según la luz del día, creando un entorno que parece sacado de otro planeta. Es de esos lugares difíciles de olvidar.
A nivel histórico, la zona también es muy importante. Merzouga fue un punto de paso para las caravanas comerciales que cruzaban el Sáhara. Hoy, el lugar se ha convertido en uno de los destinos más buscados por viajeros que quieren vivir la experiencia del desierto marroquí.
Lo más popular es pasar una noche en un campamento bereber para disfrutar de una cena tradicional y contemplar un cielo repleto de estrellas. Es imposible resistirse a este plan, créeme. Ten en cuenta que el desierto puede visitarse desde Fez o Marrakech en coche o con excursiones organizadas, lo más recomendable si quieres no preocuparte por nada.
Igualmente, hay que valorar que el trayecto es largo, alrededor de 8-10 horas. Eso sí, el tiempo invertido merece totalmente la pena. Una vez allí, podrás disfrutar de una experiencia inolvidable, destacando el amanecer y el atardecer como momentos únicos.
Aunque al desierto puedes ir en cualquier momento del año, lo ideal es hacerlo entre octubre y abril, época en la que evitarás el calor extremo del verano.
Menos conocido que Merzouga pero igual de fascinante, el desierto de Zagora es una opción perfecta si quieres vivir la magia del Sáhara sin alejarte tanto de Marrakech. Situado al sur del Valle del Draa, Zagora fue durante siglos una parada clave en las rutas de caravanas que unían Marruecos con Tombuctú.
De hecho, es una curiosidad que hasta el día de hoy todavía puede verse un cartel que indica «Tombuctú: 52 días en camello». Es importante tener en cuenta que las dunas de Zagora son más bajas y menos extensas que las del erg Chebbi. En algunos casos esto puede incluso decepcionar si vienes buscando el típico desierto de catálogo de viajes.
Tampoco te engañe esto: visitar Zagora es una experiencia increíble que permite al viajero encontrarse frente a frente con un paisaje árido salpicado de palmerales, kasbahs de adobe y pueblos bereberes donde el tiempo parece haberse detenido.
Sin duda, aunque distinto, es uno de los lugares de Marruecos imprescindibles. Lo más habitual es hacer una excursión de 2 días desde Marrakech para dormir en un campamento bajo las estrellas y recorrer las dunas de camino. Además, suelen visitarse lugares como Ait Ben Haddou y el Valle del Draa, de los que hablaremos más adelante entre los lugares más impactantes para visitar en Marruecos.
Chefchaouen: El Pueblo Azul que Hipnotiza
Situada en el interior de la zona norte de Marruecos, en las estribaciones del Rif, la pequeña ciudad de Chefchaouen o Chauen conserva su fisonomía medieval. Con calles a pie de montaña, parte de la población perteneció al Protectorado español de Marruecos, por lo que parte de la población sabe hablar castellano.
Chefchaouen ha ganado el sobrenombre de pueblo azul de Marruecos gracias a sus casas azuladas que dan un aire pintoresco a esta ciudad con una encantadora medina.
Conocida como la ciudad azul de Marruecos, Chefchaouen parece sacada de un cuento. Puedes imaginar que es muy turística, pero curiosamente eso no le resta ni un ápice de encanto, al menos nosotros no lo sentimos cuando la visitamos.

Fundada en 1471 por exiliados andalusíes como fortaleza contra las invasiones portuguesas, su medina está repleta de casas encaladas en tonos celeste y añil. Su encanto es difícil de describir o imaginar, incluso aunque hayas visto muchas fotos.
Además de la belleza de la localidad, es importante tener en cuenta que Chefchaouen fue un lugar cerrado a extranjeros durante mucho tiempo, algo que ayudó a conservar su autenticidad hasta bien entrado el siglo XX. Además de conservar esa atmósfera mágica, la sigue manteniendo hasta el día de hoy.
Además de pasear por los callejones azules, puedes perderte en la Plaza Uta el-Hammam, corazón de la medina, con vistas a la Kasbah y la Gran Mezquita. Las vistas panorámicas desde la mezquita española en lo alto de una colina cercana regalan al viajero las imágenes más emblemáticas de la ciudad.
Es importante tener en cuenta que aunque Chefchaouen está bien conectada por carretera con Tetuán y Fez, y es relativamente pequeña, merece la pena dedicarle al menos una noche para disfrutarla con calma, sobre todo al atardecer o a primera hora de la mañana, cuando todavía no han llegado los turistas de grupos organizados. En esos momentos, la ciudad regala al viajero su imagen más mágica.
Si estás en Tánger y quieres no preocuparte por nada, puedes reservar una excursión a Chaouen. En caso de que estés en Fez, una buena alternativa es reservar una excursión a Chaouen con guía en español para el día.
Essaouira: La Perla del Atlántico
Essaouira o Esauira es un histórico puerto atlántico que se ha convertido hoy en una meca del windsurf gracias a sus majestuosas playas. Sin embargo, la ciudad conserva su legado histórico y encanto portuario con una hermosa medina mucho más relajada que las grandes ciudades.
Conocida como la perla del Atlántico, Essaouira es uno de los lugares de Marruecos más bonitos e interesantes. Situada a menos de 200 kilómetros de Marrakech y declarada Patrimonio de la Humanidad, la ciudad es un oasis de tranquilidad perfecto para desconectar de la ocasiones estresante Marrakech.
El carácter encantador y relajado de la ciudad, que fue rediseñada en el siglo XVIII como puerto comercial por encargo del sultán Mohammed III, la hace especial. Destaca su encantadora medina, que cuenta con varios zocos tranquilos donde comprar artesanía y marroquinería. El puerto pesquero es ideal para probar pescado fresco.

La Sqala de la Kasbah, una fortaleza con vistas al océano, es uno de los lugares más reconocidos y fotografiados de la ciudad.
Para llegar a Essoauira desde Marrakech puedes hacerlo en autobús desde la estación principal. El trayecto dura aproximadamente 2 horas. Otra opción es reservar una excursión con guía en español a Essaouira donde te recogerán directamente en tu hotel.
Cascadas de Ouzoud: El Espectáculo del Atlas
No muy lejos de Marrakech se esconde un lugar mágico: las espectaculares cascadas de más de 100 metros de caída que traen auténtica vida a esta zona del Alto Atlas.
Las cascadas del Ouzoud son las más altas del norte de África. El espectáculo del agua y su sonido deja absorto al visitante que se acerca hasta aquí. Además, es posible bañarse en el río, algo muy agradecido en los meses de verano.
Ubicadas a 150 kilómetros de Marrakech en la cordillera del Atlas, las cascadas de Ouzoud son las más espectaculares de Marruecos y del norte de África. Los saltos de agua de más de 100 metros provienen del río Ouzoud.

Además de darte un baño en las frías aguas, podrás disfrutar de un entorno con vegetación muy diferente a los paisajes típicos del país. Son lugares que no dejan indiferente a nadie y además están entre los lugares para visitar en Marruecos imprescindibles.
Durante el paseo por las cascadas podrás rodearlas por ambos lados y ver algunos de sus habitantes más curiosos: los monos.
Para llegar a las cascadas desde Marrakech puedes hacerlo en coche, taxi, o reservando una excursión con guía en español donde te recogerán en tu hotel. En menos de 3 horas estarás en esta maravilla de la naturaleza.
Volubilis: El Legado Romano en Tierras Africanas
El legado histórico de Marruecos es de tal calibre que incluso es posible encontrarse con importantes restos romanos. El yacimiento más famoso es Volubilis, una antigua ciudad romana situada a 20 kilómetros al norte de Meknès, incluida en el Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.
Aunque la mitad del emplazamiento continúa sin excavarse, las ruinas de Volubilis permiten admirar restos del foro, termas y el templo de Júpiter. Lo más espectacular es el Arco de Caracalla y los impresionantes mosaicos, sin duda la joya de esta antigua ciudad.
Situada a menos de 90 kilómetros de Fez, Volubles es considerado el yacimiento romano mejor conservado del norte de África y uno de los lugares de Marruecos más importantes. Esta antigua ciudad romana incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco conserva restos de sus lugares más importantes: Basílica, Templo de Júpiter, termas y foro.

Lo que más nos llamó la atención cuando la visitamos fueron los magníficos mosaicos perfectamente conservados.
Además, a unos 4 kilómetros de Volubilis se encuentra la ciudad sagrada de Mulay Idrís, que puede visitarse con su medina antes de ir al yacimiento. Así podrás hacer una excursión de día completo.
Desde Fez puedes llegar a las ruinas de Volubilis desde Meknès en unos 30 minutos en taxi compartido. Si quieres no preocuparte por nada, una buena opción es reservar un tour con guía en español desde Fez que incluya la visita a Volubilis, Mulay Idrís y Meknès.
Gargantas del Todra y del Dadès: Cañones Verticales
Entre los lugares mágicos que puede visitar desde Marrakech están las Gargantas del Todra y del Dadès. Ambas se encuentran entre los paisajes más espectaculares de Marruecos.
Son dos brechas que parten del Alto Atlas creando dos impactantes valles con paredes verticales de decenas de metros. De hecho, la Garganta del Dadès cuenta con carreteras de vértigo cuyas serpenteantes curvas son sinónimo de atracción para amanes de la conducción.
Enclavadas entre las montañas del Alto Atlas oriental, las Gargantas del Todrá ofrecen los paisajes más espectaculares para visitar en Marruecos. Sus imponentes paredes de roca caliza alcanzan hasta 300 metros de altura y han sido esculpidas por el río Todrá durante miles de años, creando un cañón que parece sacado de otro planeta.
Sin duda, se ha convertido en uno de los destinos más turísticos del país. El tramo más impresionante está justo al final del valle, donde el cañón se estrecha hasta apenas pocos metros de ancho, permitiéndote vivir una experiencia única a medida que vas adentrándote entre esas majestuosas paredes.
Puedes visitar las gargantas como parte de una ruta por el sur del país. Es ideal si vas hacia Merzouga o el Valle del Dades. Aunque puedes ir en cualquier momento del día, es mejor hacerlo a primera hora o al atardecer, cuando la luz resalta los tonos rojizos de la roca.
Recuerda que este punto de interés está incluido en las excursiones al Desierto de Merzouga.
Taroudant: La Pequeña Marrakech del Sus
En el sur de Marruecos, en la región de Sus-Massa, Taroudant o Tarudant se conoce como la pequeña Marrakech. La verdad es que comparte muchos atractivos con la gran ciudad imperial marroquí.
Para empezar, la muralla de característica arcilla roja rodea la medina con un perímetro de 7 kilómetros. También está el hecho de haber sido promovidas y enriquecidas por las mismas dinastías reinantes: primero los almorávides y luego los saadíes.
En el interior de las murallas, como ocurre en otras muchas ciudades de Marruecos, hay una sucesión de laberínticas callejuelas y placitas repletas de talleres de artesanos, puestos callejeros y tiendas que venden todo tipo de alimentos, enseres del hogar y utensilios de trabajo.
Conocida como la pequeña Marrakech y ubicada en el valle del río Sus en el sur del país, Taroudant fue en el siglo XVI una de las capitales de la dinastía saadí y un importante centro comercial.

La sorpresa para los viajeros que se animan a visitarla es que la ciudad puede presumir de conservar un ambiente tradicional prácticamente intacto. Podrás vivir de primera mano el cruce de su impresionante muralla de adobe de casi 7 kilómetros que rodea una medina única, mucho más tranquila que ciudades como Marrakech.
Si te animas a visitarla, podrás pasear por sus zocos, además de conocer la Plaza Assarag, corazón de la localidad, y sobre todo conocer una parte del país más local y auténtica.
Tetuán: La Paloma Blanca Hispano-Marroquí
Una gran sorpresa depara Tetuán por parte de su fisonomía española. De hecho, paseando por el Ensanche, el barrio que rodea la menos interesante medina, es normal sentirse en cualquier capital de provincia de España.
La razón es lógica y está en el pasado común entre ambos países que se prolongó hasta mediados del siglo XX. La cuidada medina es el principal punto de atención en Tetuán, rodeada de muralla y abierta por historiadas puertas.
Las callejuelas y placitas se distribuyen en diferentes zocos comerciales. En ellos, a diario, sorprenden los sonidos de los talleres artesanos, los aromas de especias, cuero curtido y pan marroquí recién horneado, además del bullicio incesante.

Otros lugares interesantes en Tetuán son la Plaza Feddan, donde se disfruta de la mejor panorámica del conjunto de la medina, la plaza de Hassan II con su gran entrada al Palacio Real, el Museo Etnográfico y el Cine Español, hoy reconvertido en teatro.
Entre las ciudades que incluimos en el itinerario cuando visitamos el norte del país, Tetuán representó una de las grandes sorpresas del viaje gracias a su patrimonio y ambiente encantador.
Conocida como la paloma blanca y situada entre las montañas y cerca del Mediterráneo, la ciudad fue capital del Protectorado Español, lo que le da un aire muy distinto al de otras ciudades marroquíes. Su herencia andalusí es muy marcada y podrás percibirla claramente en su arquitectura e incluso en el carácter de su medina.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es una de las más auténticas y menos turísticas del país. Os aseguramos que es un regalo para viajeros amantes del Marruecos más tradicional. Nosotros pasamos horas y horas perdiéndonos entre los talleres artesanos, mercados locales y callejuelas.
Además de la medina, otros lugares más destacados son el Museo Arqueológico, el Palacio Real (aunque no puede visitarse por dentro, su plaza es espectacular), y el Ensanche español donde los edificios modernistas y neomudéjares son el principal atractivo.
Si vas a visitarla, no dejes de leer nuestro post sobre los lugares de Tetuán y nuestra selección de restaurantes donde comer en Tetúan. También puedes realizar una visita guiada para conocerla mejor.
Asilah: Arte Urbano Junto al Mar
Las cuidadas calles de un blanco inmaculado hacen de Asilah o Arcila (en castellano) uno de los lugares más agradables e inesperados del Norte de Marruecos.
Su historia ha sido de las más convulsas, siempre en disputa entre diferentes reinos y dinastías marroquíes, y potencias coloniales portuguesa y española. De ese pasado conserva impresionantes murallas del siglo XV y numerosas casonas y palacios.
En la última mitad del siglo XX, algunas de estas construcciones fueron adquiridas por artistas internacionales que les dieron nueva vida con coloristas obras de arte urbano, transformando la fisonomía de esta localidad costera.
Muy recomendables son también las kilométricas playas que hay en el entorno de Asilah. Entre todas ellas destaca la conocida como Playa de las Cuevas, a la que puede llegarse en taxi desde la localidad, pactando el precio y la hora de regreso con el mismo conductor.
A orillas del Atlántico, a solo 45 minutos de Tánger, Asilah es el tipo de destino que conquista al viajero. Su calma, casas encaladas y aire bohemio son cosas difíciles de ignorar y acaban atrapando incluso al viajero más exigente, haciéndola uno de los lugares de Marruecos imprescindibles.
Sus orígenes se remontan a los fenicios, pero su historia ha estado marcada por portugueses y españoles. Esta pequeña ciudad amurallada ha sabido conservar su esencia, incluso después de que en los años 70 un grupo de artistas locales impulsase el Festival Cultural Internacional, llenando sus muros de coloridos murales.
Hasta el día de hoy, estos son sus principales atractivos y motivos por los que esta preciosa y encantadora ciudad ha entrado en el radar de muchos viajeros que visitan el norte del país.
La medina es limpia y tranquila, con la mayoría de las casas pintadas y puertas en azul, en puro estilo andalusí. Todo invita a pasear sin prisa, disfrutando de su tranquilo y marcado carácter.
Además, te recomendamos no perderte la muralla portuguesa, el bastión de la Torre Borj al Kamra con sus vistas, y el paseo junto al mar, especialmente al atardecer.
Aunque algunos viajeros deciden hacer noche en la ciudad, también puede plantearse como visita en una excursión de un día desde Tánger.
Desierto de Agafay: El Sahara a un Paso
Ubicado a solo unos 40 kilómetros de Marrakech se encuentra el desierto de Agafay, un paisaje árido y pedregoso. Aunque no tiene las clásicas dunas del Sáhara, regala una experiencia increíblemente auténtica y, sobre todo, accesible, especialmente para viajeros que no tienen tanto tiempo para invertir en Zagora o Merzouga.
Conocida por ser una zona de paso de tribus nómadas del Alto Atlas, hoy se ha convertido en un destino ideal para una escapada rápida desde Marrakech.
Durante tu visita, además de disfrutar de paisajes únicos, podrás dar un paseo en quad o simplemente relajarte en alguno de los campamentos de lujo. Muchos de ellos cuentan con piscina y ofrecen cena bajo las estrellas con vistas al Atlas nevado en invierno.
Ten en cuenta que la mejor forma de llegar es con una excursión desde Marrakech, sea de medio día o con noche incluida.
Valle del Draa: El Oasis Interminable
Conocido por ser uno de los paisajes más evocadores de Marruecos, el Valle del Draa es un conjunto de palmerales, kasbahs de adobe y pueblos bereberes que se extienden siguiendo el cauce del río Draa, el más largo de Marruecos.
Además de la belleza del lugar, el Valle del Draa es también muy importante a nivel histórico para el país. El valle fue una ruta clave para las caravanas que venían del Sáhara, algo que hasta el día de hoy está patente gracias a la cantidad de fortalezas que aún se conservan.
Para visitarlo deberás recorrer la carretera que une Agdz con Zagora y que atraviesa el corazón del valle con vistas increíbles. Te recomendamos tomarte la visita con tranquilidad, aprovechando para parar en pequeñas aldeas como Tamnougalt, donde puedes visitar una antigua kasbah o simplemente disfrutar de la tranquilidad entre campos de palmeras y descubrir la vida rural marroquí más auténtica.
Igual que las Gargantas del Todrá de las que hablábamos anteriormente, el Valle del Draa también está incluido en la mayoría de excursiones al Desierto de Merzouga, haciéndolo uno de los lugares de Marruecos más interesantes.
Ruta de las Kasbahs: Viaje al Pasado Fortificado
Hacer la Ruta de las Kasbahs en Marruecos es como viajar al pasado a través de fortalezas de adobe, oasis infinitos y paisajes que no dejan indiferente al viajero más escéptico. Os aseguramos esto porque lo decimos por decir.
Esta ruta recorre el sur del país desde Ouarzazate hasta el desierto, siguiendo las antiguas rutas caravaneras que unían el Sáhara con las grandes ciudades imperiales.
Durante el recorrido podrás disfrutar de decenas de kasbahs, las fortalezas bereberes construidas con tierra, en paisajes difíciles de olvidar. Aunque la joya de la ruta es Ait Ben Haddou, de la que hablaremos de forma más extensa en el siguiente punto del recorrido, también destacan la Kasbah Amridil en Skoura, la impresionante Kasbah Taourirt en Ouarzazate, y otras más escondidas en el Valle del Dades y el Valle del Draa.
Es importante saber que lo ideal es hacer el recorrido en coche de alquiler u optar por una excursión organizada, ya que el transporte público en la zona es muy escaso. Si tienes varios días, puedes combinar la ruta con una o varias noches en el desierto de Merzouga o Zagora.




