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Descubriendo los Tesoros del Perú: Una Aventura Inolvidable

Cuando decidí emprender mi viaje a Perú, nunca imaginé la magnitud de maravillas que me esperaban. Este país sudamericano es mucho más que una simple parada en cualquier ruta por América Latina; es un destino que combina historia milenaria, naturaleza imponente y una cultura viva que late en cada rincón.

El Corazón del Imperio: Cuzco

La antigua Qo’sco, que fuera capital en la época incaica, se presenta hoy como el lugar más visitado del país, y con justa razón. Esta ciudad de Cusco conserva un patrimonio cultural e histórico que te deja sin aliento desde el primer momento. Caminar por sus calles empedradas es como viajar en el tiempo, donde cada piedra cuenta una historia de siglos.

Me alojé varios días en esta zona, convirtiéndola en mi base para explorar las maravillas circundantes. La fusión entre elementos prehispánicos y arquitectura colonial de los siglos XVI y XVII es simplemente espectacular. Los españoles respetaron el trazado original y sobre los monumentos incas construyeron palacios, iglesias, monasterios y casonas que hoy conforman un mestizaje arquitectónico único, reconocido por UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde 1983.

La Plaza de Armas es el epicentro de todo. Aquí confluyen los festejos de origen ancestral y colonial, con pasacalles coloridos que reflejan un período histórico fascinante. La catedral cristiana y la iglesia de la Compañía de Jesús, con su labrado joyero barroco, dominan el paisaje. Los jesuitas, que también dejaron su huella en Quito, crearon verdaderas obras de arte.

Bajando por la calle Loreto, los muros construidos con grandes bloques de los tiempos incas te recuerdan que estás caminando sobre los cimientos de una civilización extraordinaria. A pie y con calma, descubrí la catedral, el Palacio Arzobispal que fue residencia del líder inca, y la famosa piedra de los doce ángulos, testimonio de la maestría arquitectónica incaica.

El Convento de Santo Domingo alberga el Qorikancha, el Templo del Sol del Tahuantisuyo. Ver ese tramo de muro construido con roca maciza, sin argamasa, con una técnica de construcción que los arquitectos incaicos dominaban a la perfección, es contemplar la genialidad pura. Las láminas de oro que alguna vez cubrieron estos muros han desaparecido, pero la magnificencia permanece.

El barrio de San Blas me cautivó especialmente. Este rincón de artesanos, con sus casas coloniales convertidas en centros de artesanía, es perfecto para buscar souvenirs entrañables mientras disfrutas de su ambiente bohemio.

En las afueras de la ciudad, los yacimientos arqueológicos te esperan. Sacsayhuamán, esa impresionante fortaleza donde se realizan ceremonias dedicadas a Inti, el Dios Sol, me dejó perplejo. Los bloques de piedra están ensamblados como un puzzle gigante, sin usar argamasa. También visité Tambomachay, Pukapukara y Qenqo. Estos cuatro yacimientos se pueden recorrer en combi (camioneta) o haciendo una caminata descendente desde el Cristo Blanco, desde donde las vistas son espectaculares.

Para acceder a estos monumentos y a los del Valle Sagrado existe el BOLETO TURÍSTICO DEL CUSCO, que ofrece varias modalidades según el tiempo y los lugares que desees visitar. La versión más económica, válida varios días, cuesta alrededor de 25 euros, mientras que la completa para diez días ronda los 50 euros. Puedes comprarlo en los centros de información turística de la calle Mantas 109 o en la Avenida el Sol 103. Ojo, no incluye la catedral ni la Iglesia de la Compañía de Jesús.

La capacidad hotelera de Cusco es excelente, con multitud de alojamientos, restaurantes y agencias turísticas que organizan excursiones a destinos emblemáticos de la región como la Montaña de siete colores. Llegué desde Lima en avión, aunque hay que estar preparado para los efectos de la altura. A 3.399 metros de altitud, el soroche puede hacer de las suyas si no tomas precauciones.

El Valle Sagrado de los Incas: Donde la Naturaleza se Encuentra con la Historia

Ubicado entre Cusco y Machu Picchu, el Valle Sagrado es una región de belleza natural y riqueza histórica incomparables. Los incas, con sus conocimientos de arquitectura, astronomía y agricultura, transformaron este paraje verde en un centro productivo extraordinario.

El río Urubamba, también llamado Vilcanota en este tramo, riega un valle que fue fundamental para el Perú prehispánico. Las esperanzas y prodigios de los sembrados en pendiente, construidos en terrazas escalonadas bajo el influjo incaico del siglo XV, demuestran que esta área poseía grandes riquezas naturales.

Písac, a unos 30 km de Cuzco, es una de las ciudades arqueológicas más importantes del Imperio inca. El sitio arqueológico, ubicado en una montaña que domina el entorno, presenta templos y torreones labrados en granito que se integran perfectamente al paisaje. Las terrazas agrícolas descienden en cascada, mientras que en las alturas se encuentran algunos de los cementerios más antiguos de Sudamérica. La ciudad colonial, con su encanto para el callejeo y su famoso mercado de artesanía, complementa la experiencia.

Ollantaytambo es el preludio perfecto antes de tomar el tren hacia Aguas Calientes rumbo a Machu Picchu. Dediqué varias horas a perderme por sus callejuelas, muchas de ellas aún habitadas y que conservan el trazado original incaico. Las montañas circundantes están coronadas por bloques graníticos encajados con tal maestría que no necesitan argamasa. Esta grandiosa fortaleza incluye edificios ceremoniales como el Templo del Sol, siendo uno de los enclaves incaicos más imponentes y mejor conservados del país.

Chinchero, donde el Inca Túpac Inca Yupanqui tuvo su residencia, conserva restos del antiguo palacio junto a una iglesia colonial del siglo XVII. Esta fusión de conceptos arquitectónicos, culturales y religiosos es típica de la región. Las tejedoras chincheras, con su vestimenta tradicional y monteras características, mantienen vivas las técnicas ancestrales.

Moray merece mención especial. Estos andenes dispuestos en círculos concéntricos, ubicados a unos 30 km de Písac y 6 km de la Salinera de Maras, representan un intricado experimento agrícola incaico. Los distintos niveles permitían cultivar diferentes productos a alturas variables, demostrando el dominio que las culturas prehispánicas tenían sobre la agricultura en este territorio accidentado.

La Salinera de Maras, con sus cientos de pozas blancas como la nieve, ofrece uno de los espectáculos más fotogénicos del valle sagrado. Estas canteras de sal han estado funcionando desde antes de la llegada de los españoles, y la excursión combinada Moray-Maras puede hacerse cómodamente en medio día.

Para los más aventureros, Choquequirao representa una alternativa al masificado Inca Trail. Estas ruinas arqueológicas, otra antigua ciudad con palacios, templos y terrazas, requieren varios días de caminar desde la localidad de Cachora. La ida y vuelta toma entre tres o cuatro días de senderismo de alta exigencia, pero recompensa con una experiencia de turismo activo incomparable. La zona también ofrece parapente para contemplar la majestuosidad del valle con vista de pájaro.

Machu Picchu: La Joya Indiscutible

Hablar de un viaje a Perú sin mencionar Machu Picchu sería como describir París sin la Torre Eiffel. Esta antigua ciudad inca, construida en una montaña de la región de Cusco, representa el objetivo número uno para quienes visitan el país por primera vez. Declarada una de las siete maravillas del mundo moderno en 2007, su composición visual es inigualable.

A 2430 metros de altitud, sobre el cañón que forma el río Urubamba, se alza esta ciudadela de granito con sus murallas, edificios, tumbas y terrazas agrícolas perfectamente integradas al entorno. El nombre significa «montaña vieja» en quechua, en contraposición a Huayna Picchu («montaña nueva»), ese pico que aparece en todas las fotografías icónicas del lugar.

Este centro religioso y político del Imperio inca fue abandonado antes de que los conquistadores españoles llegaran a la sierra. Durante cuatrocientos años permaneció oculto entre la selva, hasta que el norteamericano Hiram Bingham, guiado por lugareños, la redescubrió en 1911 bajo una espesa maleza. Su artículo en National Geographic convirtió al sitio en un imán para visitantes de todo el mundo.

La antigua ciudad perdida de los incas es hoy sitio arqueológico Patrimonio de la Humanidad por UNESCO. El Templo del Sol y la Roca Sagrada son algunos de los puntos más emblemáticos que testimonian el legado cultural de esta civilización.

Cuándo Visitar Machu Picchu

Cualquier época del año resulta buena para esta experiencia, aunque los meses entre abril y octubre ofrecen un clima más seco. Entre noviembre y marzo las lluvias son más propensas, lo que puede afectar la visibilidad del paisaje circundante.

Subiendo a Huayna Picchu

Es posible, por supuesto, subir a esta montaña, pero también está regulado con un cupo mucho más bajo. Solo un pequeño porcentaje pueden llevar a cabo el ascenso. Debes comprar el paquete conjunto que incluye la entrada a la Llacqta de Machu Picchu más el ascenso a Huayna Picchu en la web oficial de turismo, o dentro de paquetes con transporte y guía desde Cuzco o Aguas Calientes.

Llegando desde Cuzco

La combinación de posibilidades es tremenda. Mi consejo es hacerlo en dos días como mínimo, parando en Ollantaytambo para visitar esas ruinas imprescindibles. El tren es caro, pero existe la opción bimodal (tren más bus) o las excursiones organizadas que incluyen todo hasta el destino final en Aguas Calientes.

De Aguas Calientes a las Ruinas

Desde Aguas Calientes es posible subir caminando por una ruta ascendente de alrededor de dos horas. El tramo tiene mucha pendiente, así que salvo que estés en gran forma física, llegarás con bastante cansancio al complejo arqueológico.

Los buses que salen de la propia Aguas Calientes suben hasta el acceso principal del recinto en apenas un cuarto de hora. Conviene adquirir estos billetes de transporte con antelación, igual que las entradas al sitio.

El Coste de la Experiencia

De media, hablamos de 250-300 euros contando traslados, visitas intermedias y visita guiada (sin contar gastos de comidas). Subir a las montañas Huayna Picchu o Machu Picchu Mountain eleva el coste.

Existe una opción para aminorar gastos que consiste en el triple mortal: ir en bus desde Cuzco hasta Ollantaytambo, tomar otro bus hasta Santa Teresa y hacer a pie el conocido camino de la hidroeléctrica siguiendo las vías del tren. Ahorras dinero pero pierdes días de viaje y requiere mucho esfuerzo. Personalmente, salvo que cuentes con tiempo de sobra, no lo recomendaría.

El Inca Trail: Una Experiencia Mítica

Esta experiencia mítica atraviesa el Valle Sagrado siguiendo el antiguo Camino inca. Este trekking de cuatro días atraviesa montañas y selvas, pasando por localidades pequeñas y recintos arqueológicos donde se establecen campamentos.

Los porteadores te acompañan en las caminatas por esta ruta mítica cuyos distintos tramos suman entre 600-750 euros. Las plazas son limitadas y requieren permisos especiales: en temporada baja debes reservar con tres meses de anticipación, mientras que en temporada alta necesitas hasta seis meses.

Lago Titicaca: Navegando en las Alturas

El lago navegable más alto del mundo, a 3.812 metros sobre el nivel del mar, es uno de los tesoros de Perú. Sus aguas se dividen en partes iguales entre Perú (44%) y Bolivia (56%), configurando una frontera natural extraordinaria.

La Leyenda cuenta que en la Isla de Sol, en la actual parte boliviana, nació el Imperio inca. Las civilizaciones más antiguas, tanto incaicas como preincaicas, florecieron en las orillas del lago. Tiahuanaco, en el lado boliviano, representa uno de los sitios arqueológicos más importantes de la región.

El puerto principal del lado boliviano es Copacabana, mientras que la ciudad turística peruana es Puno, punto de referencia para mochileros que hacen su periplo sudamericano. Yo entré por Bolivia y continué por Perú, aprovechando para navegar entre las islas habitadas que poseen una energía especial.

Este paisaje azul y frío alberga altares prehispánicos sagrados únicos en el continente americano. Desde la ciudad lacustre de Puno parten excursiones de ida y vuelta o con pernocta para visitar las islas tejidas de totora de los Uros. Este pueblo indígena mantiene tradiciones ancestrales viviendo en islas flotantes hechas completamente de este material vegetal.

Se puede llegar en barco o kayak hasta Taquile y Amantaní, islas que representan otra maravilla del Titicaca en el lado peruano. Las islas sagradas del Sol y la Luna, consideradas cuna de los incas, poseen un encanto que va más allá de la monumentalidad de otros yacimientos arqueológicos. Su valor reside en la religiosidad que aún se respira.

La Isla Amantaní es una joya del lago donde puedes hospedarte con familias locales y experimentar su estilo de vida. Los atardeceres tiñen el cielo de colores espectaculares, mientras que la gastronomía local, con trucha fresca del lago, deleita el paladar.

Si dispones de tiempo, vale la pena hacer una ruta de varios días durmiendo en Copacabana e isla del Sol antes de continuar hacia La Paz. Aunque sea apresurado, el Titicaca merece ese tiempo extra.

En las afueras de Puno, la necrópolis de Sillustani del Reino Colla (absorbido posteriormente por los incas) presenta las chullpas, torres funerarias que causan asombro entre arqueólogos por su gran diámetro. Las momias de altas personalidades de la época eran colocadas en posición fetal en estas estructuras. A 33 kilómetros de Puno, esta es una de las excursiones imprescindibles de la zona.

Arequipa y el Cañón del Colca: Entre Volcanes y Cóndores

La denominada ciudad blanca fue fundada por Francisco Pizarro en 1540 durante el reinado del Emperador Carlos V. Es considerada una de las urbes coloniales más hermosas de América, tanto que Miguel de Cervantes la mencionó con alabanzas en La Galatea, destacando su eterna primavera.

A pesar de las noticias del terremoto de 1868 que destruyó gran parte de la ciudad, el damero urbano sobrevivió y la labor arquitectónica continuó para gloria de la hermosísima Arequipa. Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en 2000, reconociendo medio millar de edificios que representan una fusión magistral entre técnicas de construcción europeas y autóctonas.

La ciudad está edificada con sillar blanco, esa piedra volcánica extraída de las canteras del volcán Chachani, de ahí su apelativo. Una visita a Arequipa debe comenzar en la Plaza de Armas, rodeada de arcos porticados que dan sombra a comercios y cafeterías.

El convento de Santa Catalina es un edificio que conforma una inmensa ciudadela cristiana de 20.000 metros cuadrados. Durante siglos hospedó a monjas e hijas del más alto granado del Virreinato, cada una con sus propios criados. Este palacio-monumento cristiano de mayor tamaño en Hispanoamérica tiene calles con nombres de ciudades españolas. El monasterio permaneció resguardado de la calle por gruesos muros de cuatro metros de altura, como si fuera una ciudad dentro de la propia Arequipa. Perderse en este laberinto de calles coloridas es viajar al rico Perú virreinal.

El Museo Santuarios Andinos, ubicado en la Calle de la Merced 110 (a 200 metros de la Plaza de Armas), alberga la Momia de Juanita, una niña sacrificada en época incaica cuyo cuerpo fue hallado a finales de los años noventa en las cumbres heladas del volcán Ampato. Su estado de conservación es extraordinario y permite entender cómo los incas y otras civilizaciones prehispánicas ofrecían en sacrificio a niños seleccionados de antemano a los apus (divinidades de las montañas). Estos inocentes eran separados de sus familias, criados y preparados hasta la ocasión en que les quitarían la vida de forma ceremonial para soliviantar la furia de los espíritus. Estas ofrendas humanas eran la base usual de su religiosidad.

El Valle del Colca y el Vuelo de los Cóndores

Muchos viajeros y viajeras incluyen en su ruta por Perú varios días en el valle del Colca. A tres horas por carretera desde Arequipa, atravesando pasos elevados de más de 4000 metros de altitud, se llega a este vertiginoso enclave de la provincia de Caylloma.

Los grandiosos paisajes de altura, los pueblos nativos con su impronta cultural y el escenario natural conforman uno de los cañones de mayor profundidad del mundo. En algunos tramos alcanza entre 3.000 y 5.000 metros de altura, ofreciendo un mix perfecto entre naturaleza y cultura andina.

El epicentro turístico es la Cruz de los cóndores, nombre que no es por azar. Aquí puedes admirar el vuelo cercano de los cóndores que habitan las paredes escarpadas del cañón. Aprovechando las corrientes de aire para tomar impulso, estas aves majestuosas con tres metros de envergadura se pueden observar y fotografiar desde el mirador de la cruz con una cercanía impresionante.

La excursión típica dura dos o tres días e incluye visitas a los pueblos tradicionales de Chivay y Yanque, donde puedes probar la rica gastronomía local con platos como el rocoto relleno y el adobo arequipeño. Las noches en Arequipa, con sus calles iluminadas y ambiente acogedor, invitan a pasear y descubrir rincones encantadores. Esta combinación de historia, cultura y naturaleza hace de Arequipa un destino inolvidable.

Las Enigmáticas Líneas de Nazca: Misterio en el Desierto

En el suelo árido de la extensa pampa del suroeste de Perú, los pobladores de la cultura Nazca horadaron cientos de líneas kilométricas hace miles de años. Estos dibujos, apreciables únicamente desde el aire, presentan una multitud de formas geométricas que representan animales y criaturas extrañas, generando más preguntas que respuestas.

Los peculiares geoglifos, ubicados entre las poblaciones de Nazca (o Nasca) y Palpa, conforman una zona catalogada como Patrimonio de la Humanidad UNESCO. A pesar de los estropicios causados por la imprudencia de algunos conductores, muchísimas líneas permanecen intactas tras un período largo de tiempo, desde aproximadamente 500 a.C. hasta 500 o 600 d.C.

Investigadores de múltiples disciplinas han tenido la oportunidad de estudiar las líneas de Nazca, uno de los mayores enigmas de la arqueología mundial. El extremeño Pedro Cieza de León fue el primero en pronunciarse sobre las líneas de Nazca en 1547, cuando reflejó en sus escritos la existencia de señales en partes del desierto que circunda Nazca. Sin embargo, a pie no se percataría del alcance real de estas rectas prolongadas en el terreno.

Los surcos, de apenas treinta centímetros de profundidad, no revelaban su razón aparente hasta que en pleno siglo XX pilotos civiles y militares observaran los curiosos diseños desde el suelo. Líneas kilométricas sin desviaciones aparentes, dibujos de animales (mono, araña, colibrí, papagayo) y figuras antropomorfas ocupan tanto colinas como planicies. Lo más insólito es el llamado «astronauta», esa figura humanoide que despierta las más variadas interpretaciones.

Los primeros vuelos científicos fueron realizados por personajes como Mejía Xesspe, Paul Kosok y Maria Reiche, quienes dedicaron cuerpo y alma a analizar las líneas y ofrecer luz sobre este hallazgo arqueológico único en el mundo. Surgieron hipótesis sobre un calendario astrológico, un plano con elementos rituales dedicados a dioses y seres que contemplarían desde el cielo. Otras hipótesis rozan lo paranormal y ufológico, tema del que se han publicado infinidad de libros y reportajes.

La cuestión fundamental sigue siendo: ¿Cómo y por qué crearon líneas que solo pueden apreciarse desde la altitud? Es imposible, estando en la pampa, visualizar estas misteriosas señales. Este motivo es suficiente para que visitantes se aproximen a la ciudad de Nazca e inviertan en un vuelo en avioneta para observar y fotografiar los antiguos geoglifos.

La experiencia puede costar alrededor de 70€ si reservas online. Sobrevolarás alrededor de una docena de los dibujos más característicos, mientras los aparatos se posicionan en pleno vuelo sobre las líneas para que tengas vistas desde las ventanillas de izquierda y derecha.

A 30 km de la ciudad de Nazca puedes visitar la necrópolis de Chauchilla, un cementerio con fosas a cielo abierto donde se observan momias envueltas en fardos junto a su ajuar funerario. A pesar de los saqueos que ha sufrido este recinto arqueológico, el lugar resulta interesante y sobrecogedor.

Más allá de las líneas, la región de Nazca ofrece otros atractivos. El Acueducto de Cantalloc es una ingeniosa obra de ingeniería hidráulica prehispánica, mientras que el Museo Arqueológico Antonini permite aprender más sobre la cultura Nazca. Para los aventureros, explorar el desierto en buggy y practicar sandboarding en las dunas cercanas añade una dosis de adrenalina. Esta combinación de misterio, historia y aventura hace de Nazca un destino fascinante para cualquier viajero curioso.

La Montaña de los Siete Colores: Instagram Hecho Realidad

Vinicunca, la Montaña de los siete colores, es uno de esos lugares que el turismo extranjero desconocía hace pocos años. Se hizo famoso gracias a las redes sociales, especialmente Instagram, donde las fotografías de sus líneas arcoíris completamente naturales comenzaron a circular viralmente.

Estas montañas peculiares de la cordillera andina son el paraíso de los amantes de la fotografía y del postureo, aunque pueden dejar exhaustos a los visitantes menos preparados. Atraídos por la postal con esa saturación de colores a 5.000 metros sobre el nivel del mar, muchos subestiman el trekking exigente.

El recorrido es largo, aproximadamente dos horas de subida con pendientes pronunciadas. Sumadas al factor altura, el esfuerzo puede resultar agotador. Hay que tener en cuenta que personas con problemas cardíacos o respiratorios deben pasar varios días en aclimatación en Cuzco (el lugar desde donde parten las excursiones de un día) antes de intentar esta aventura.

Un truco para quienes sean menos exigentes físicamente pero deseen llegar a la famosa montaña consiste en realizar la subida en quad, dejando solo la última media hora a pie. También existe la opción del ascenso a caballo, aunque el uso del animal en estas circunstancias no siempre resulta adecuado ni responsable con el bienestar animal.

Consejos para Aliviar el Mal de Altura (Soroche)

Aclimatarse: Permanece en un lugar de menor altura, pero superior a 2500 metros (Cuzco está a 3.399 m), durante dos o tres días sin hacer esfuerzos fuertes antes de subir más.

Evitar caminar deprisa: La falta de oxígeno se hace notar en alturas semejantes, así que todo movimiento debe ser pausado.

Hidratarse: Es esencial beber mucha agua. El alcohol resulta contraproducente para el mal de altura.

Procurar comer pocas grasas: Incluir verduras y hortalizas en la dieta durante los días que vas a estar en altura.

En Perú y Bolivia es usual mascar hojas de coca o hacerse infusiones que venden en todas las tiendas. Este remedio que utilizaban las civilizaciones prehispánicas realmente funciona. Un dicho andino famoso resume perfectamente cómo aliviar los efectos del mal de altura en Perú, Bolivia o el Tíbet:

Las Dunas de Huacachina: Adrenalina en el Desierto

Continuando desde Nazca por la mítica Ruta Panamericana, tras dos horas llegas a Ica, una ciudad que terremotos e inundaciones han castigado duramente. Aunque el entramado urbano no está entre lo mejor que ver en Perú, sirve como base y lugar idóneo para llevar a cabo excursiones interesantes.

Puedes ir hasta Paracas para navegar a las islas Ballestas, o visitar Pisco y sus viñedos para probar en las bodegas la bebida estrella del país: el pisco. Pero la verdadera joya es visitar las Dunas de Huacachina, un desierto de arena donde soltar adrenalina a los cuatro costados practicando sandboarding, sand skiing, pegando saltos en buggies entre las dunas.

Huacachina es una laguna natural, un oasis sacado de África que corresponde a uno de los entornos desérticos más hermosos de Sudamérica. La clásica excursión de media jornada desde Ica resulta económica y te permite disfrutar de una ruta frenética en buggy por las dunas y lanzarte, si te atreves, con la tabla de sandboarding como si lo hicieras en la nieve.

Islas Ballestas: El Galápagos Peruano

Paracas se extiende en una imponente bahía donde el desierto se encuentra con el mar. La Reserva Natural de Paracas merece varios capítulos aparte, pero hay un elemento prehispánico popular: El Candelabro, ese geoglifo grabado en una colina de 200 metros de longitud que lleva casi dos milenios allí y que se cree guarda relación con las singulares líneas de Nazca.

Los barcos que pasan por la propia Paracas navegan hacia un modesto archipiélago de islas rocosas donde vienen a anidar decenas de especies de aves: piqueros, cormoranes, pelícanos, charranes incas, zarcillos y pingüinos de Humboldt. Las islas también sirven como estupendo refugio y fondeadero para colonias de leones marinos (en Sudamérica se les llama lobos marinos).

La gran acumulación de guano (excrementos de aves marinas) en las Ballestas y otros islotes del Perú promovió históricamente la extracción de este valioso material fertilizante, dándoles el título de «islas guaneras».

La excursión a las islas Ballestas en barco es una ruta panorámica que se puede hacer partiendo desde dos puntos. Desde Paracas, el tour en lancha con traslados desde el hotel o estación de buses y guía en castellano tiene un precio aproximado de 17€. Desde Ica, el tour con lancha, traslado desde la ciudad y guía en castellano cuesta aproximadamente 40€ (el precio mayor se explica porque Ica se encuentra a 70 km del puerto de Paracas)

Lima: La Ciudad de los Reyes

Con tantísimos lugares que visitar en Perú, se tiende a olvidar en ocasiones la propia Lima, esa inmensa capital del país que es el principal punto de llegada en avión desde el extranjero. Cerca de diez millones de habitantes viven en esta metrópoli encajada en el desierto costero, proclive a días grises día sí y día también.

Escogida por los españoles en el siglo XVI como capital del Virreinato y proclamada Ciudad de los Reyes (aunque el nombre de Lima viene de lo que llamaban los nativos a la región: Limaq), fue una de las ciudades más grandes e importantes de Sudamérica durante varios siglos de colonización.

Curiosamente, muchos turistas que viajan a Perú la omiten de sus rutas, dejando atrás un casco histórico colonial riquísimo y de gran tamaño que le valió ser designado Patrimonio de la Humanidad UNESCO en 1988. El famoso damero de Pizarro, con su disposición de calles rectilíneas en forma de damero como un tablero de ajedrez, es típico de las ciudades coloniales españolas en América.

Lima atrapa por la gran cantidad de edificios fastuosos que se llevaron a cabo durante el gobierno del Virreinato en tiempos de la conquista. Se hablaba de la opulencia que se vivía en la ciudad, tanto que se decía que ni en España los reyes afirmaban tener tal lujo. Con razón se la colocaba como centro neurálgico del imperio español en América.

Situándote en el centro de la Plaza Mayor de Lima y haciendo una mirada en un viaje de 360º, puedes corroborar la belleza de esta ciudad en mi juicio menospreciada. Es fundamental acceder a la catedral para ver la cripta y tumba de Francisco Pizarro. La mejor visita cultural posible es la basílica y convento de San Francisco, adalides del barroco colonial y reconocidos como uno de los conjuntos religiosos más admirables de la cristiandad en América y el mundo.

Merece la pena acercarse al antiguo Tribunal de la Santa Inquisición, donde se celebraban los famosos Autos de Fe. Desde la Plaza Mayor de Lima, déjate perder por las coloridas calles del centro histórico y disfruta del animado ambiente de día. La gran tipología de balcones y miradores de Lima convierten a la ciudad en un museo al aire libre del pasado colonial, aderezado con el buen gusto que los arquitectos de los siglos XIX y XX dieron a la ciudad, agregando encanto y modernidad.

En el distrito limeño de Pueblo Libre, a 7 km de la Plaza Mayor, un antiguo palacio del siglo XVIII acoge el mejor museo de la ciudad: el Museo Arqueológico Rafael Larco. Posee colecciones de arte y objetos precolombinos entre las más increíbles de América del Sur. Sencillamente espectacular.

Nadando con Lobos en las Islas Palomino

Desde el puerto de El Callao, a pocos kilómetros de Lima, puedes viajar en barco hasta las Islas Palomino, otras islas guaneras similares a las Ballestas mencionadas anteriormente. Las colonias de leones marinos son enormes y producen un bullicio constante. Lo más especial es que resulta posible nadar en las aguas con los lobitos, que según dicen, se acercan con curiosidad a los humanos. Una experiencia fabulosa que no puedes perderte.

La Deliciosa Gastronomía Peruana

La deliciosa gastronomía peruana vierte todos sus encantos en Lima, considerada uno de los centros culinarios de mayor importancia a nivel mundial. Los mejores restaurantes del país se encuentran en la ciudad. Últimamente se han popularizado los tours gastronómicos que incluyen talleres de cocina peruana donde aprendes a preparar los platos más típicos y suculentos de la mano de auténticos expertos. No puedes irte sin probar el ceviche y, si te atreves, el cuy (conejillo de indias).

La Amazonía Peruana: Inmersión en la Selva

Una amplia porción de Perú se encuentra bajo los influjos del Amazonas, con muchas cuencas fluviales encargadas de regar cientos de miles de hectáreas y teñir el suelo del verde intenso de la selva. A disposición del viajero hay una diversidad y cantidad descomunal de flora y fauna.

Visitar la Amazonía peruana es un viaje a un mundo que nada tiene que ver con la costa Pacífica ni con la cordillera andina. Perú es el segundo país del mundo (después de Colombia) en variedad de especies de aves, y el tercero en mamíferos que habitan en el vasto territorio de su selva, tanto alta como baja.

Las posibilidades son enormes. Puedes ir directamente al epicentro, Iquitos, y navegar varios días por el ancho cauce del río Amazonas, observando fauna, realizando marchas por la selva, acercándote a conocer las etnias que habitan la zona desde hace siglos, y quedándote dormido con los múltiples sonidos de la jungla. Si decides hacer un crucero, puedes incluso pasar al lado brasileño por Manaos.

También puedes enfocarte en las mejores reservas naturales de América del Sur, como Pacaya-Samiria (no lejos del río Amazonas), o la zona de Puerto Maldonado con el famoso Lago Sandoval, que conforma una excelente opción de ecoturismo. En estos humedales y junglas, los adeptos organizan excelentes trekkings por la selva con un montón de actividades. Pura Amazonía.

En la vertiente sur, desde Puerto Maldonado es posible viajar por carretera (aunque a Iquitos solo se puede llegar en barco o avión). Las corrientes del río Madre de Dios pertenecen al Parque Nacional del Manu, una de las joyas naturales más excelsas de Perú y la zona más accesible del parque.

Trujillo: Color y Historia en el Norte

Hace años escribí un artículo que titulé «No te pierdas el norte de Perú», y comencé hablando de Trujillo, una ciudad con mucho color. Esta maravillosa urbe de carácter colonial fue nombrada igual que la patria chica de Francisco Pizarro, quien había nacido en Trujillo de Cáceres, Extremadura, el 16 de marzo de 1478 (catorce años antes de que Cristóbal Colón alcanzara con sus tres naves las costas americanas).

Fundada en 1534 como Trujillo de la Nueva Castilla, la ciudad fue poblada con palacios, iglesias, conventos y casonas de preciosos balcones y clásicos ventanales enrejados que casi alcanzan a tocar el suelo. Como tercera ciudad más poblada de Perú, posee uno de los centros históricos coloniales de mayor encanto del país. El toque de edificios pintados en vivos colores aporta ritmo y alegría al conjunto.

Alojada en una constante primavera, Trujillo muestra a sus visitantes una sonrisa. Su mapa cuadriculado articula caminos que llevan a la Plaza de Armas, donde la catedral de color amarillo domina el paisaje. A partir de ahí se suceden edificios religiosos emblemáticos como El Carmen, La Merced y la fabulosa iglesia de San Francisco. La casa Urquiaga y el Palacio Iturregui son residencias señoriales que aportan los mejores adjetivos a esta ciudad diseñada para pasearse tranquilamente.

Olvídate del medio de transporte motorizado; con tus pies puedes recorrer el casco viejo, que es pequeño y manejable. Puedes pasarte días (un mínimo de dos) disfrutando del ambiente mientras pruebas el mejor ceviche que preparan en esta parte del país.

Trujillo sirve de base agradable para realizar visitas a lugares arqueológicos increíbles: los moches dejaron las Huacas del Sol y Luna, la tumba de la Dama de Cao; los chimúes, Chan Chan. Sin olvidar el Señor de Sipán y las curiosas formaciones de Túcume. El territorio noroeste de Perú está repleto de yacimientos arqueológicos de distintas culturas prehispánicas.

Chan Chan, El Brujo, Las Huacas y el Tesoro del Señor de Sipán

Trujillo y Chiclayo resultan ciudades ideales por su ubicación para tratar de abarcar en pocos días los mejores enclaves prehispánicos del norte peruano. Junto al océano Pacífico en la zona centro-norte (sin irnos muchas horas tierra adentro hacia Chachapoyas), este territorio extenso te permite salir en busca del sombrero de Indiana Jones para descubrir ciudades de barro, templos milenarios, tumbas repletas de tesoros y pirámides.

Esta región constata que la cultura prehispánica peruana no fue solo incaica. Muchas civilizaciones antes poblaron esta parte de Sudamérica. Los incas fueron los últimos conquistadores antes de la llegada de los españoles a estas tierras, absorbiendo las tradiciones y técnicas de sus predecesores y llevándolas a cotas más altas.

Chan Chan: Ciudad de Barro

A 7 kilómetros de Trujillo se encuentra la ciudad de barro (adobe) más grande de Sudamérica y la segunda del planeta. Chan Chan (nombre que significa «Sol resplandeciente») fue la ciudadela fortificada más importante de la Cultura Chimú, nacida posteriormente a la moche en el siglo VIII d.C.

Una veintena de kilómetros cuadrados rodeados de murallas conforman un laberinto de calles, conjuntos palaciegos, almacenes, pozos e infinidad de dependencias organizadas en nueve ciudadelas independientes pero interconectadas. Las paredes decoradas de este laberinto muestran la huella que los chimúes dejaron en su capital.

Este próspero reinado depositó en Chan Chan el poder político, administrativo, económico, religioso y cultural de la región. Llegó a tener una población de 100.000 habitantes. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad UNESCO en 1986, siendo uno de los yacimientos arqueológicos precolombinos más importantes de Sudamérica.

Huacas del Sol y de la Luna

El término «huacas» explica una especie de montículos naturales o artificiales (o mezcla de ambos) similares a pirámides donde es posible leer sobre el universo de la fascinante Cultura Moche (100 a.C. – 700 d.C.), una de las civilizaciones prehispánicas más avanzadas que existió en Latinoamérica.

Los moches (o mochicas) fueron magníficos arquitectos, escultores, pintores y espléndidos ceramistas, según da fe de ello mucho de lo que ha llegado hasta nosotros. A 10 km al sur de Trujillo se levantó su capital política y religiosa, conocida como las Huacas del Sol y de la Luna.

Estas dos construcciones independientes servían propósitos distintos: la del Sol representaba el poder político, mientras que de la Luna sabemos que muestra el lado sagrado del complejo mochica. Puedes visitar el altar de los sacrificios y contemplar los impresionantes frisos policromados con relieves que narran el proceso de captura y muerte ceremonial de prisioneros entregados al temible Ai Apaec, el Dios degollador de dientes de felino que aparece constantemente representado en pinturas, esculturas y cerámica mochica.

Complejo El Brujo y la Tumba de la Dama de Cao

A 50 kilómetros al norte de Trujillo se encuentra este recinto arqueológico donde sucedieron distintas culturas en la franja litoral del norte de Perú: cupisnique, moche, lambayeque, chimú e incaica en sus últimos coletazos.

Compuesto principalmente por tres huacas (Huaca Prieto, Huaca Cortada y Huaca Cao), es la última la que centra la atención con sus altorrelieves de prisioneros dirigiéndose hacia Ai Apaec antes de ser degollados. Pero el gran hallazgo arqueológico fue la tumba y momia de la Dama de Cao.

Hasta entonces se había creído que los mochicas habían estado liderados solamente por hombres, pero en 2006 se descubrió el lugar de enterramiento de una mujer que fue llevada a la otra vida con valiosos tesoros. Dieciocho pesados collares de oro, plata, lapislázuli, cuarzo y turquesa, junto a treinta adornos de nariz, diademas y coronas de cobre dorado fueron hallados con este enigmático personaje.

No apareció sola: varias personas fueron sacrificadas para acompañarla en su travesía a la otra vida. Se cree que pudo haber liderado a los mochicas en algún momento del siglo IV después de Cristo, aunque se desconocen muchas cosas sobre esta mujer.

Se puede visitar la Huaca Cao y la plataforma de esta singular pirámide donde fue descubierta la tumba. Los restos momificados permiten apreciar los tatuajes que llevaba la Señora de Cao. Los tesoros hallados junto a ella se muestran en el estupendo museo adyacente al sitio.























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